Un Marinero en el Licey

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Por Isabelle Minasian

 www.lookoutlanding.com

Cada temporada muerta, con una regularidad eterna, docenas de peloteros profesionales en los Estados Unidos viajan al sur, como aves migratorias grandes, atléticas, talentosas, hacia las ligas de invierno del Caribe

Se dispersan en equipos por todo Puerto Rico, República Dominicana, México y Venezuela (Cuba tiene por igual una liga de invierno y compite en la Serie del Caribe con estos cuatro países, pero no permite jugadores no nacidos en Cuba ni desertores que quieran regresar), basados la mayoría de veces a través de las conexiones de los dirigentes o gerentes generales de sus respectivas organizaciones.

Para la mayoría de latinos que juegan en las Grandes Ligas, regresar a su país natal se trata de orgullo en su historia, orgullo de donde vienen. Es retornar a casa. Para Mike Marjama fue la ausencia de estar en casa que hizo que jugar en la Liga Invernal Dominicana (Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana, conocida como LIDOM) fuera tan irresistible.

“Yo quería empezar a sentirme cómodo estando incómodo”, dijo el receptor sustituto de los Marineros. “Me quería poner en una situación donde era la minoría, donde no hablaba el idioma. En esas situaciones hay mucha presión, como en Grandes Ligas, y aclimatarme a estar incómodo puedes aprender a manejarla y controlar los controlables.”

Se inspiró también por las pasadas experiencias de compañeros como Willy Adames, Robinson Canó y Nelson Cruz. “Ellos te pueden contar historias de sus vidas en dominicana, y puedes asentir mientras te cuentan, pero realmente no creo que puedes entenderlo hasta que estas realmente allí. Tienes un nuevo entendimiento por lo que esos muchachos han pasado y por lo que han pasado para estar donde están ahora.”

En años recientes ha existido un declive en el número de jugadores de renombre de Grandes Ligas que jueguen en las ligas de invierno del Caribe. Probablemente esto pase por las dificultades políticas en algunos de esos países y los problemas de seguridad que esto conlleva (en Noviembre 2011, Wilson Ramos fue secuestrado mientras visitaba su madre en Venezuela y  la madre de Elias Diaz fue rescatada luego  de que ella también fuera secuestrada.

Puede ser que los jugadores están más conscientes de los riesgos físicos de jugar en la temporada muerta, evidenciado con lo que le ocurrió a Jesús Sucre que se rompió su pierna mientras jugaba liga de invierno en Venezuela.

Es muy probable que el descrecimiento de estrellas en las ligas de invierno es una combinación de esos dos retos y otras preferencias personales.

Diferente a Ozzie Guillen, que infamemente y en tono violento dijo al Chicago Tribune que “ningún jugador debería jugar en las ligas de invierno,” Mike Marjama es efusivo en elogiar la experiencia, llamándola “oportunidad única en su vida la de ir y jugar en Dominicana.”

Muchos jugadores de Grandes Ligas empiezan a desembarcar sus compromisos de liga de invierno al inicio de la temporada de MLB, típicamente firmando para jugar la primera mitad de la temporada invernal para poder utilizar la segunda mitad para acondicionarse y prepararse para los campos de entrenamiento.

Por esto, otros jugadores son necesitados para rellenar a través de la temporada – ahí es donde entra Marjama. “Algunos equipos llamaron (cerca del día de Acción de Gracias) y preguntaron si estaba interesado en ir a jugar, y me puse a pensar ‘tú sabes, ¿por qué no?’ Yo siempre he querido aprender de la cultura y tener esa experiencia, así que dos días después viajé a casa, recogí mis cosas y volé hacia Dominicana.”

Los Tigres del Licey fueron fundados en 1907, siendo la franquicia más vieja en la liga dominicana y sus 22 títulos de LIDOM y 10 Series del Caribe lo hacen el equipo más exitoso. Estas dos cosas fueron factores para que Marjama tomara la decisión de jugar con Licey.

Cuando Marjama se vistió del distintivo blanco y azul de los Tigres, se unió a jugadores como José Canseco, Mark McGwire, Mike Piazza, Vlad Guerrero, Bob Gibson, Orel Hershiser y Tony Oliva como otras Grandes Ligas que decidieron probar sus talentos en Dominicana.

La lista de jugadores veteranos que juegan y que han jugado en la liga invernal dominicana es larga, y de hecho, otro elemento que intrigó a Marjama a pasarse varias semanas de su tiempo con Licey.

Es un hombre que constantemente está tratando de leer y mejorarse así mismo, y se aprovechó de la presencia de Grandes Ligas como Erick Aybar, Jair Jurjenns, Juan Francisco, y Emilio Bonifacio, capitán del equipo.

A través de conversaciones con ellos aprendió de la vida en las Grandes Ligas, y lo que es ser un jugador latino en los Estados Unidos; conversaciones que planea utilizar para “quizás ayudar traducir las cosas mejor” cuando trabaje con los compañeros en Seattle.

Confesó que la mayor parte de sus días en Dominicana fueron pasados entrenando, leyendo (algo que el “no estaba mucho en eso” hasta que viajó a República Dominicana y se enfrentó con dos horas y media de viaje en autobús sin su teléfono), y tendido afuera en la piscina, aunque su día favorito involucró un viaje a la finca de Bonifacio para un asado de puerco.

La casa en el campo está encaramada en las montañas fuera de la ciudad, con vista de todo Santo Domingo, con gallinas y otros animales corriendo por doquier. No había tantos jugadores allí, así que Marjama se sentó al lado de Bonifacio y se tomó una “una copa de vino, que se convirtieron en varias, y hablaron puramente de béisbol. Este es un tipo que ha estado en la liga por mucho tiempo, ha sido exitosos, así que aprender de él, no solo mecánicamente pero de experiencias, fue excelente.”

Marjama no era el único dispuesto y con ganas de escuchar lo que Bonifacio tenía que decir. “Cuando uno de los veteranos dice algo, todo los jóvenes se paraban a escuchar,” dijo.

Bonifacio tomó posición de líder de manera seria y dirigió una prédica antes y después del juego, sin importar victoria o derrota, logrando juntar a todo el equipo junto en el camerino, sostenido de las manos y cabizbajo en señal de respeto.

Marjama no entendía mucho de las oraciones porque, aunque conozca algunas cosas básicas, su español no es excelente, pero la prioridad de mantener el equipo unido era claro independientemente del idioma.

La unidad en el Licey se extiende más allá de fronteras del camerino. Los fanáticos del Licey son pasionales, y un grupo muy leal. “Si eres fanático del Licey, eres fanático del Licey,” dijo Marjama.

“Yo traje tres bultos conmigo cuando vine por primera vez, pero cuando fui al aeropuerto a volar a casa me dijeron que solo podría traer dos, y yo tenía todos mis materiales en esos bultos, no los puedo dejar atrás, así que me estaba asustando.

Pero luego la señora llamó al supervisor y le dice ‘Tu eres Mike, ¡tú juegas para el Licey!’ Yo soy Liceista, mi esposo jugó para el Licey tiempo atrás. Si, yo me ocupo de eso. No te preocupes.”

 A pesar de la lealtad de los fanáticos, no significa que siempre son buenos fanáticos. “Todo juego importa, especialmente para la gente, y si tuviste un mal partido, te lo van a dejar saber,” advirtió Marjama.

“Son muy orgullosos del béisbol, muy orgullosos de su cultura. Todo el mundo está constantemente tratando de gritar más duro que el otro, nadie puede hablar a un nivel de voz normal. Hay tanta pasión y tanta vida en cada juego que cada lanzamiento y cada turno es increíble.”

Marjama admite que es un tipo estoico cuando se trata de mostrar emociones en el terreno, pero su tiempo en el Licey lo ayudaron a apreciar el entusiasmo con lo que los jugadores latinos abordan el juego.

Los jugadores latinos usualmente son criticados por la prensa en Estados Unidos por la forma excesiva que expresan sus sentimientos. No sé de qué otra forma decirlo, pero se piensa que es egoísta.

 Cuando lo hacen demuestran tanto orgullo y pasión atado a ganar el juego. Si te vas de 0-3 y Licey ganó, eso está bien porque ganaron, y así es en las Grandes Ligas.

Claro que le pregunté a Marjama luego de su tiempo en LIDOM si iba a ver más bat flip de su parte en el  futuro. Él se rio y respondió “Soy más un jugador de pegarle a la bola y correr de inmediato. No soy un bateador que lanza al aire su bate, porque nunca he sido un bateador de jonrones hasta hace par de años.

Si es una situación importante, podría hacerlo. Si es para ganar la Serie Mundial, probablemente lanzaría mi bate al aire.”

Espero que podamos ver ese bate lanzarse al aire un día.

Traducción:
Lionel Senior

(Licey.com)

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